| Sarmiento, Gran Maestre de la Masonería Argentina |
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El 12 de junio tuvo lugar la conferencia inaugural del ciclo 2002 de la CATEDRA ARGENTINA DOMINGO F. SARMIENTO DE SOCIOLOGÍA E HISTORIA denominado Sarmiento Confidencial. Como es tradicional, su dictado estuvo a cargo de la Rectora de la misma, Dra. Patricia Pasquali, quien se refirió al tema "Sarmiento, Gran Maestre de la Masonería Argentina. (1882-1883)". Se basó en fuentes bibliográficas, hemerográficas y documentales éditas e inéditas, destacándose entre las últimas las obtenidas en el Archivo de la Gran Logia de la Masonería Argentina, en particular el Libro de Actas del Supremo Consejo 33 y Gran Oriente para la República Argentina, que confrontadas con la información suministrada principalmente por los periódicos El Nacional y La Prensa contribuyeron a dilucidar en sus pormenores un tema hasta el momento desconocido, cuya originalidad concitó la atención de la numerosa y selecta concurrencia, entre la que se contaban Víctor Massuh, Javier Fernández, Martha Mercader, Horacio Reggini, Emilio Corbière, Eduardo De Cara, Carlos Keller Sarmiento, Florencia Grosso y varios representantes de la Masonería.
La Dra. Pasquali comenzó su disertación relatando, a modo de antecedentes, la iniciación del Sanjuanino en la Orden durante 1854 en la Logia Unión Fraternal de Chile; su posterior afiliación a la que fuera Logia Madre de la Argentina: la Unión del Plata Nº 1, de la que fue fundador en 1856, ocupando el puesto de Orador; la magistral plancha de 1859 dirigida por el sanjuanino cuando ostentaba el grado 14 o Rosacruz, a nombre de la Logia Confraternidad Argentina Nº 2, al primer Soberano Gran Comendador y Gran Maestre del flamante Oriente Argentino, Dr. José Roque Pérez, en la que identifica a la "moderna caridad masónica" con la propagación de la educación; su posterior ascenso al grado 33 junto con Mitre, Derqui, Urquiza y Gelly y Obes, para firmar luego en tal condición la llamada "Acta de Unión" del 21 de julio de 1860, que los masones guardan como un tesoro pues la consideran el antecedente directo de la reunificación de Buenos Aires y la Confederación por la que tanto bregó la Masonería; más tarde, con motivo de trasladarse por segunda vez a los Estados Unidos en 1864 en carácter de ministro plenipotenciario argentino ante aquel gobierno, Sarmiento recibe de la Masonería el nombramiento de Representante ante los Supremos Consejos y Grandes Logias para la celebración de tratados de amistad y reconocimiento, que le vale el establecimiento de influyentes contactos con personalidades notables, incluyendo el obsequio de una condecoración masónica de parte del Presidente Johson; y finalmente su ya más conocido discurso de 1868 en el que luego de ponderar las virtudes de la Orden en medio del banquete que le brindaron sus hermanos masones con motivo de haber sido electo Presidente de la República, Sarmiento termina anunciando su separación provisoria de las prácticas de la institución mientras desempeñe tan alto cargo. Por lo tanto no debe interpretarse, como generalmente se hace, que en tal ocasión el renuncia a su condición de masón, sólo decide "dormirse" hasta cumplir su período al frente del Ejecutivo por lo que cree una cuestión de incompatibilidad: "Un hombre público no lleva al gobierno sus propias y privadas convicciones para hacerlas ley y regla del Estado". Es más, termina su disertación afirmando que apenas baje de dicho puesto volverá a tomar su lugar de trabajo en la masonería. Que así efectivamente ocurre lo prueban las planchas que contienen los cuadros lógicos que se encuentran en el Archivo del histórico recinto de la Masonería de calle Cangallo (hoy Perón), donde aparece el nombre de Sarmiento vuelto a la actividad logial desde 1874. Todo lo anterior no fue más que una introducción al tema, que se centró a continuación en el momento más encumbrado del derrotero masónico de Sarmiento, cuando es nombrado Gran Maestre del nuevo Directorio de la Orden, cargo que asume el 5 de mayo de 1882. Por entonces, luego de ejercer en 1881 la superintendencia de Consejo Escolar trabándose en ruidosas polémicas con el resto de sus miembros que respondían a la línea conservadora católica del entonces ministro de Instrucción Pública, Culto y Justicia, Manuel D. Pizarro; siendo arbitrariamente destituido de dicho cargo por el Presidente Roca, se encuentra al frente de la redacción de El Nacional, desde donde da una doble y dura pelea: contra el roquismo, por un lado, denunciando su maniobra de concentración de todo el poder en sus manos; y por otro, en pro de la implantación de educación común laica, en réplica constante contra el sector ultramontano militante que tiene su órgano de prensa combativa en La Unión. Su período de Gran Maestre debería haber durado hasta 1885, sin embargo, en setiembre de 1883 renuncia al mismo, siendo reemplazado por el Pro Gran Maestre -a la vez que amigo, discípulo político y compañero de causa en la lucha contra el régimen y a favor de la enseñanza laica-, Dr. Leandro N. Alem. La Dra. Pasquali recalcó que Sarmiento renuncia al cargo, pero nunca a su condición de masón que mantuvo con convicción imperturbable hasta su muerte. La Rectora de la Cátedra explicó después que tal fue el desenlace de una seria desinteligencia surgida en el seno de la Orden, que tiene su origen en la contestación pública que Sarmiento da al Presidente del Club Liberal, quien a través de la prensa lo había convocado como Gran Maestre de la Masonería a participar en la Manifestación que se estaba preparando para el 16 de setiembre de 1883 en pro de la enseñanza laica, pidiéndole a su vez que oficiase de intermediario para que concurriesen a ella las logias de su obediencia. Lo cierto es que el sanjuanino al asumir el cargo en el seno de los "hermanos", al pronunciar un discurso masónico que es una pieza oratoria brillante, había ordenado y mandado reiteradamente que guardaran el más estricto silencio sobre la investidura que acababa de asumir. Era obvio, que siendo su meta central colaborar a la sanción de la ley de educación común laica, la trascendencia de su cargo de Director de la Masonería, institución a la que los clericales pretendían presentar como la mano tenebrosa que alentaba ocultamente una supuesta campaña contra el catolicismo, le hubiera brindado a tales adversarios un poderoso argumento para descalificar la luminosa e incontrastable prédica de Sarmiento agitando los prejuicios de la época contra la Orden. Por eso no duda en responderle al Club Liberal a través de las columnas de El Nacional que agradecía la invitación pero se disculpaba por no poder aceptarla, rechazando tanto el tratamiento que se le da en ella -el de Gran Maestre- como el pedido de invitación a las Logias, no sólo por hallarse desligado de ellas sino además porque sus mismos estatutos les impedían actuar corporativamente en tales asuntos. Y con clarividencia meridiana pone al descubierto el accionar roquista tendiente a general distratorios conflictos artificiales: "pesaría una inmensa responsabilidad sobre el que se encargue de poner en cuestiones políticas y religiosas masones contra iglesias, extranjeros en este carácter contra argentinos o nacionales". Esta contestación despierta fuertes censuras de los masones contra él y el Supremo Consejo Grado 33 y Gran Oriente de la Argentina reunido en asamblea debe tratar el caso en sucesivas y agitadas jornadas, donde las opiniones no son uniformes. El pleito en el seno de la masonería se trasunta en algunos casos deformadamente en los diarios de la época, particularmente en La Prensa, revelando la obvia infidencia de algún infiltrado en aquellas reuniones secretas, tal como se hace notar en el mismo Libro de Actas de las mismas. Hay varios intentos de solucionar el entredicho que resultan frustrados, cuyos pormenores fueron revelados por la conferenciante. En verdad, la mayoría de los hermanos masones desconoce el trasfondo político que sustenta la actitud de Sarmiento, quien había penetrado con su aguda mente el meollo de la estrategia roquista y quería salvar a la masonería de caer en sus redes. Por eso brega denodadamente por que no se confundiera la sincera adhesión a una legislación liberal con el apoyo a un sistema de gobierno que desquiciaba las instituciones democráticas conquistadas en Caseros, en el que una clase dirigente sin principios utilizaba arbitrariamente el poder recurriendo al fraude y la intimidación, malversaba los fondos públicos y derrochaba la tierra, sembrando entre los ciudadanos "una desmoralización sin esperanza que destroza la vida nacional", según denunciaba Sarmiento, quien no dudaba en traducir el lema del Presidente: "paz y administración" en su verdadero significado "rémingtons y empréstitos". Ante las severas críticas que recibió por algunos miembros de la Orden, que violaban la obediencia que se le debía por su alta investidura, el 5 de octubre de 1883 Sarmiento renuncia a la Gran Maestría, consciente de que nadie podía cuestionar su actitud ejemplar de masón. Patricia Pasquali terminó su exposición con estas palabras: "En adelante, seguiría firme en la lucha contra el roquismo y en pro de la educación común. Tenía ya 72 años, estaba -como le comentara a su amigo Pepe Posse- esperando el relevo, que no aparecía y por eso tenía que seguir batallando porque jamás iba a desistir del objetivo que había dado sentido a toda su vida y que enunciaré con palabras sarmientinas: que la civilización se sobrepusiera a la barbarie, dejando a millones en mejores condiciones para que pudieran disfrutar del festín de la vida, del que él pudo gozar sólo a hurtadillas".
Patricia Pasquali |
