Inicio Información Historia Cádiz, Londres y la Logia Lautarina en el proceso de emancipación

Libro

La Escuadra y el Compás entre Diagonales

La expansión de la masonería en La Plata a partir de su fundación.

LibroEscuadraCompasDiagonales

Las primeras logias y sociedades de inmigrantes afincadas en la ciudad como motores del progreso de la Capital de la Provincia.


Ver artículo >>

Cádiz, Londres y la Logia Lautarina en el proceso de emancipación
Indice del artículo
Cádiz, Londres y la Logia Lautarina en el proceso de emancipación
Los antecedentes ilustrados
La Masonería en el Mundo
O’Higgins, la independencia y la logia Lautaro
La logia lautarina: el debate
La Logia Lautarina
Reflexiones Finales
Todas las páginas

No puede exigirse mayor claridad y precisión. La leyenda de que la logia de Londres fue fundada por Miranda o por Bolívar solo sería repetida por escritores mal informados [1].

Introducción

¿Fue O’Higgins masón? ¿Fueron las Logias Lautarinas entidades propiamente masónicas? Estas preguntas, como otras relacionadas, formuladas casi dos siglos después de los hechos acaecidos con motivo de su vida política y militar, requieren de un sinnúmero de precisiones. Ciertamente, ellas no han de tener la misma respuesta que tendrían hoy en términos de la pertenencia a una organización iniciática y formadora en los valores de la libertad, la fraternidad y la igualdad en el marco de la tolerancia y el humanismo. Eran esos tiempos (los del Libertador) otros en cuanto alautarl significado que adquiría la organización masónica en el mundo, como asimismo también distinto el carácter de esta organización en la América en proceso de emancipación del dominio español. A pesar de las crudas persecuciones contra el pensamiento libre en Europa, de lo cual la Inquisición en nuestra América pasa a ser un reflejo de su poderoso horror, la masonería se había venido desarrollando y asentando en Inglaterra, Francia, Alemania y varios otros países, desde el medioevo dominado por los masones operativos. La masonería especulativa comienza a desarrollarse a fines del siglo XVII, y encuentra este proceso su auge con la constitución de la Gran Logia Unida de Inglaterra a comienzos del siglo XVIII. España seguiría más tarde, ejerciendo desde allí una notable influencia hacia Inglaterra en el ánimo de promover activamente la independencia de las Colonias, proceso no ajeno al rechazo que provoca el nombramiento de José Bonaparte como Gran Maestro de la Masonería Española, en contrapartida a la intervención que aísla al rey y provoca, de este modo, el surgimiento de Juntas de Gobierno por toda América. Más tarde, es la Masonería la que auspicia la activa lucha por la liberación definitiva del dominio español, proceso donde las Logias Lautarinas alcanzan su apogeo, junto con el activo liderazgo de jóvenes venidos desde Europa que, como San Martín y O’Higgins, abrazaron el ideario libertario junto con el masónico.

Se ha mencionado usualmente que el abierto catolicismo de ambos héroes sería una demostración de su no pertenencia (y casi de su rechazo) a la Orden Masónica. Esta cuestión pasa por entender el concepto de masonería que se desarrolla en Europa durante el siglo XVII y la profunda vinculación que ella tiene con la Iglesia en el siglo XVIII, especialmente a partir de la influyente masonería inglesa. En España, un notable Gran Maestre masón pasa a ser también personaje de alta investidura en la Iglesia, así comprobando que no existía una gran contradicción como hoy día es posible observarla. De hecho, la pertenencia de sacerdotes en la masonería tanto en Europa como en América, pasa a ser una cuestión habitual en la observación histórica. Los casos del Padre Mier, del Canónigo Cardeña o de Fray Camilo Henríquez son notorios entre muchos otros [2]. Pero cierto es también que la Iglesia empleó evidentes esfuerzos por prohibir a la masonería debido a su apego al pensamiento religioso tolerante y amplio. Las persecuciones contra la masonería serían cosa común en España, Rusia e incluso Austria y Alemania, especialmente por el esfuerzo de los soberanos temporales por anular cualquier acción organizada contra su poder. Una separación profunda entre Iglesia y Masonería se consolidaría más tarde en América, cuando la Iglesia adquiere la potestad de símbolo defensor de la dominación colonial y cuando, a propósito de la liberación, inicia una nueva oleada de repudio al pensamiento libre y laico impulsado por la masonería en toda América.

Pero nunca prevaleció en la masonería europea una contradicción de principios en términos de concebir a los masones como personajes anti-iglesia o anti-creencias religiosas. De hecho, la Gran Logia Unida de Inglaterra sostenía que la creencia en Dios era un prerequisito para obtener la Iniciación, y solamente los Franceses propiciarían una actitud más favorable al ateísmo o a al más amplio librepensamiento, situación que llevaría a un distanciamiento aún presente en nuestros días entre ambos Orientes. Al propiciar las libertades ciudadana y de conciencia, era la masonería una organización amplia en la que tendrían cabida jóvenes católicos inspirados en las enseñanzas inglesas que, como San Martín, O’Higgins, Bello, Zapiola y tantos otros, serían fundamento en el proceso de construcción de las nuevas Repúblicas.

Este trabajo intenta reseñar esta particular dimensión de la vida de nuestro Prócer, destacando el rol que efectivamente cumplieron las Logias Lautarinas como organizaciones para-masónicas en el proceso de independencia de nuestras Naciones. En particular, este trabajo reseña que el ideario libertario no provino desde Londres, donde la fundación de la Logia atribuida a Francisco de Miranda, se había creído había sido efectivamente una iniciativa Británica. En realidad, la creación de esa Logia, la N° 7 “Caballeros Racionales”, provino de un impulso surgido en Cádiz, como una iniciativa propiamente española a favor del proceso de independencia americano y que originaría, más tarde, las logias lautarinas en suelo americano. En ese espíritu se educaron varios de nuestros libertadores con la participación de Francisco de Miranda, quien acogía a tanto joven americano en su propia casa, donde se permeaban de las ideas libertarias y de la actitud combativa del ilustre venezolano, y que más tarde pondrían a prueba en el proceso de liberación.